Todos los objetos y cosas a nuestro alrededor tienen un significado, pero no siempre ese valor es algo monetario pues, otras veces el mismo llega a ser más profundo, un valor mas sentimental.
Muchos de los objetos que hacemos solemos crearlos a base de nuestra mente o imaginación pero también estos son hechos a través de nuestras incomprendidas emociones provenientes del corazón mismo. Aquellos sentimientos enterrados en lo mas profundo de nuestro ser y que son liberados en forma de figuras tangibles que llegan a expresar nuestro sentir, desde un obsequio para alguien especial, la desdicha de alguien en quien cuyo tormento se forman versos e incluso hasta historias salidas de la mano de quienes desean compartir su verdad con otros.
Diversas son las formas en las que toma el corazón, aunque no siempre todas son buenas...
Y eso es algo que el mismo joven Víctor puede confirmar. Victoriano Gonzales no era alguien quien cuya infancia haya disfrutado, pues en su niñez tuvo la muy mala fortuna de tener personas que lo acosaran constantemente y cada día era siempre la misma historia, las agresiones abarcaban desde lo físico como empujones acompañados junto con dos golpes o mas hasta lo verbal como insultos y sobrenombres denigrantes debido a su aspecto, pues al nacer Víctor llevo consigo una deformidad en su rostro que le daba una apariencia atemorizante a los ojos de cualquiera con quien cruzara miradas y para la desgracia de Víctor aquellos que lo agredían vivían muy cerca de el, ¿Y como no lo harían si eran sus vecinos?
Durante mucho tiempo el pequeño Víctor oculto su sentir, manteniéndolo encerrado y negándose hablar sobre el a cualquiera, incluso a sus mismos padres. La colonia donde el vivía era un lugar en el que todas las casas eran del mismo diseño y con las mismas fachadas e imperfecciones hechas así a propósito para ahorrar dinero, ver a una rata pasearse por las distintas salas y habitaciones de las casas se había vuelto algo muy común pues algo que también destacaba en la destartalada colonia era su cercanía con un bosque en donde habitaban todo tipo de animales salvajes, lo que hacia que verlos andando por las calles fuera cotidiano y debido a que algunos de estos eran agresivos la gente acostumbraba a guardar su distancia, tal vez no era el lugar mas ideal o perfecto para vivir pero después de todo era el hogar de Víctor y su familia o al menos seria así durante un tiempo puesto que el y su familia pronto se mudarían.
La vida parecía que finalmente le sonreía al pobre Víctor a quien un día sabiendo que pronto dejaría ese horrible lugar la alegría lo invadió por completo, y eso no paso desapercibido para sus abusadores a los cuales tras verlo tan animado no pudieron evitar preguntarle el porque del cambio tan repentino aprovechando también para burlarse sobre su pequeño tamaño y este solo les respondió con una sonrisa ganadora diciéndoles que las cosas pronto cambiarían.
Días mas tarde los padres de los bravucones les dijeron que saldrían por asuntos referentes al trabajo y que por ende regresarían hasta la mañana siguiente, los bravucones ya tenían edad suficiente para quedarse solos y cuidar la casa y sus padres antes de cruzar la puerta y marcharse por ese día les mencionaron también que debían arreglar aquellas imperfecciones lo mas que pudieran para que así no pudiese meterse ningún animal salvaje a la casa, como de costumbre estos solo asintieron a lo anterior dicho por los adultos disimulando responsabilidad y obediencia mientras esperaban ansiosos escuchar el sonido del auto alejándose y dejando la colonia ¿Por qué razón estarían tan ansiosos de quedarse solos? Bueno, resulta que ellos ya habían tenido contemplado que ese día sus padres se irían por lo que semanas con anterioridad planearon hacer una fiesta en su hogar, llegando a invitar a todos los alumnos del colegio...Todos menos Víctor claro esta.
La fiesta duro toda la noche y debido al estruendo de la musicá apenas y se podía escuchar a los mismos animales en la calle, las personas en la fiesta tampoco es que le diesen mucha importancia a lo que ocurría en su entorno, después de todo solo estaban ahí por una cosa que era disfrutar de esa fiesta. Entre risas, tragos y sobre todo la musicá varios de los vecinos comenzaron a quejarse, tras los reportes del escandalo en la casa de los abusadores los invitados tuvieron que marcharse dejando a los anfitriones quienes tras haber tomado demasiado tequila llegaron a embriagarse hasta finalmente yacer rendidos sobre su lecho por el resto de la noche.
A la mañana siguiente los padres habían vuelto del trabajo y tras abrir la puerta lo primero con lo que se encontraron fue un gran desorden por toda la casa, muebles movidos de lugar, mesas volteadas, platos rotos y muchos vasos de plástico con tequila tirados por doquier, una señal mas que segura que sus hijos se la habían pasado en grande mientras ellos no estaban. Furiosos por todo ambos padres pegaron un grito legendario mientras llamaban a sus hijos para darles el castigo apropiado, llamaron y llamaron pero sus hijos jamás bajaron, al no haber respuesta decidieron subir hasta la habitación de los hermanos, tocaron varias veces su puerta y una vez mas nadie respondió por lo que procedieron ha abrir la puerta y rápidamente sus expresiones de enfado fueron reemplazados por unos de horror pues sus hijos ahí estaban tumbados en la cama con la mitad de sus rostros arrancada y desfigurada, sin nada que pudiesen hacer mas que presenciar la horrible escena.
Mientras que en otro lugar muy lejos de la colonia, un sonriente Víctor disfrutaba del viaje contemplando como se alejaban de ese lugar y con el todos los horribles recuerdos que lo acompañaban, en el camino sujetaba una caja de la cual no dejaba de mirar y en cuyo interior se encontraba una mascara hecha con unos materiales de lo mas peculiares para así cubrir su deformado rostro.
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